Por qué se llega a la infodemia y cuesta tanto distinguirla con tanta mezcla sin saber qué es cierto y mentira.

Cuando algo se repite hasta el cansancio y es mentira, suceden varias cosas profundas —no sólo en la mente individual, sino en la vida colectiva:

1. La mentira empieza a tomar la forma de verdad.

No porque cambie su naturaleza, sino porque nuestra percepción es vulnerable a la repetición. Nietzsche decía que “no existen hechos, sólo interpretaciones”; la repetición convierte una interpretación falsa en una que parece sólida. La mente confunde frecuencia con evidencia.

2. La mentira coloniza el lenguaje, y con él, la realidad.

Lo que se repite moldea las categorías con las que pensamos. Si una idea falsa se vuelve habitual, empieza a definir lo posible y lo imposible. El lenguaje no sólo describe mundos: los construye.

3. La mentira se vuelve cómoda.

La verdad exige energía, exige fricción. La mentira repetida elimina esa resistencia. Como decía Arendt, la mentira eficaz no busca convencer, sino desorientar: cansa la capacidad de distinguir.

4. Se crea un vacío ético.

Cuando lo falso domina, lo verdadero deja de importar. No se discute lo que es, sino lo que conviene creer. En ese terreno, todo vale: lo útil reemplaza a lo real.

5. Finalmente, ocurre algo paradójico:

La mentira repetida no sólo manipula al que la escucha… también al que la dice.

Quien la repite, si insiste lo suficiente, termina siendo prisionero de su propia ficción.

En resumen, cuando lo falso se repite sin descanso, deja de ser simplemente mentira: se convierte en un hábito mental, un clima cultural, una forma de vivir. Y la verdad ya no se pierde por ocultamiento, sino por abandono.

Se parece muchísimo a la infodemia, y de hecho la infodemia es uno de los escenarios más claros donde se ve lo que hablábamos, este es un exceso de información, mezclada con rumores, datos falsos y medias verdades— genera un efecto muy particular:

1. La saturación sustituye al criterio.

Cuando la mente recibe más información de la que puede procesar, deja de evaluar y empieza a ceder. La repetición se vuelve una fuerza. Lo falso no necesita ser convincente: sólo necesita ser constante.

2. La verdad se vuelve una aguja en un pajar.

No porque desaparezca, sino porque la mentira la ahoga en ruido. En la infodemia, incluso la verdad pierde su capacidad de orientar.

3. La mentira se vuelve viral no por su contenido, sino por su diseño.

En la infodemia, lo que se propaga mejor no es lo más cierto, sino lo más emocional, lo más simple, lo más compartible. El algoritmo del miedo y del morbo es más fuerte que el del rigor.

4. La gente se cansa y adopta una postura cínica.

“Todo es mentira”, “nadie dice la verdad”, “todo da igual”.

Ese cinismo no es lucidez: es rendición. Y favorece precisamente a quienes siembran la confusión.

5. La mentira repetida se mezcla con la verdad hasta hacerlas indistinguibles.

Ese es el corazón de la infodemia: no ganar con una mentira, sino perder en un mar de ambigüedad.

En ese sentido, sí: cuando una mentira se repite hasta el cansancio, termina produciendo los mismos efectos que una infodemia.

Ambas rompen la brújula interior y dejan a la verdad sin territorio.